La forma en que te hablas no es solo un hábito: es el espejo donde se refleja tu autoestima, el termómetro de como te tratas y de como esta tu salud emocional en cualquier momento. 

Cada mañana, cuando te miras al espejo, o vas en el coche, o estas preparando la cena, hay un diálogo interno constante que puede levantarte o hundirte.

Si dices: «qué desastre soy«, por cualquier error, sin darte cuenta estas alimentando tu voz crítica que facilmente se vuelve ruido constante. Sin embargo, si puedes empezar a decirte: “estoy aprendiendo, haciendo lo mejor que sé y eso está bien«, abres espacio para la compasión.

El lenguaje interno no es inocente. Estudios muestran que las personas que se hablan con dureza —»nunca lo lograré«, «soy un fracaso«— tienen niveles más altos de estrés y ansiedad. En cambio, cuando sustituyes esas frases por algo más amable —»estoy haciendo lo que puedo»—, el cerebro empieza a registrar seguridad. Es como regar una planta: palabras positivas la hacen crecer, las tóxicas la marchitan.

Tampoco se trata de mentir ni de fingir perfección. Hablo más de la importancia de entrenar la honestidad con ternura. Por ejemplo, en vez de decir: «soy tonta por equivocarme», digas: «esto lo hice mal, a la vez, no define quién soy». Poco a poco, esa repetición reescribe tu narrativa interna. Es verdad, cuesta. Al principio suena falso, como si estuvieras actuando. Pero con el tiempo, la voz crítica deja de tener tanta poder y la amable toma mas protagonismo.

La autoestima no es un regalo que llega de fuera. Es cierto que nuestras experiencias en la infancia son una base de nuestra confianza, seguridad y autoestima, o todo lo contrario. Siempre estás a tiempo de cultivar una mejor autoestima. 

¿Y cómo?, quizás te preguntas. Un primer paso está en esas conversaciones que nadie escucha. Cada vez que elijes ser tu aliado en lugar de tu enemigo, te das permiso para existir sin juzgarte. Y eso, al final, es libertad: no depender de aplausos ajenos para sentirte valioso.

Así que hoy, cuando te hables, intenta decirte palabras que te abracen. Porque mereces ser tu mejor amigo, no tu peor juez.

Si este artículo te ha removido, o consideras que hayas tenido una infancia en la que no ha habido mucho apoyo, puede que te vengan bien unas sesiones de terapia conmigo, una psicóloga que te ayude a cultivar tu autoestima y compasión, que te escuche sin juicio y te apoye para encontrar tu verdad, tus necesidades y tu felicidad. 

Autoconversación