Amor y autocomprensión

¿Y si muchos de los patrones que hoy te hacen sufrir no fueran el problema, si no la solución que un día encontraste?

¿Y si desarrollando una mirada amorosa y comprensiva hacia tu historia vital podría cambiar tu experiencia?

¿Alguna vez te has preguntado por qué reaccionas siempre de la misma manera, incluso cuando sabes que esa forma de actuar te hace daño?

¿Por qué te cuesta tanto decir que no?

¿Por qué sientes que necesitas agradar a todo el mundo?

¿Por qué un pequeño conflicto puede hacerte sentir un miedo enorme a que la otra persona se aleje?

Muchas personas llegan a terapia con estas preguntas y casi todas parten de la misma idea: «Hay algo en mí que no funciona bien.»

Sin embargo, con frecuencia descubren algo muy diferente, no es que haya algo roto en ellas, es que siguen utilizando estrategias que, hace muchos años, fueron necesarias para adaptarse a la vida que tenían entonces.

Tu historia importa

Cuando hablo de la infancia, no lo hago para buscar culpables ni para explicar toda la vida desde el pasado. Hablo de la infancia porque es el momento en el que aprendemos cómo funciona el mundo y sobre todo, cómo necesitamos relacionarnos con él para sentirnos amados y así seguros. Un niño no decide ser complaciente, no decide tener miedo al abandono, no decide exigirse más que nadie. Simplemente aprende: Aprende observando, aprende sintiendo, y aprende adaptándonos, porque adaptarse es una de las formas más inteligentes que tiene un ser humano de sobrevivir.  

Cuando una estrategia deja de ayudarte

Imagina un niño que descubre que, cuando se porta bien, recibe atención, cuando no molesta, hay menos conflictos. Si está pendiente de cómo se sienten los demás, puede anticiparse a lo que va a ocurrir. Es muy posible que ese niño aprenda a ser responsable de todo, a complacer, a esforzarse más de la cuenta, a esconder lo que siente. No porque haya nacido así, si no porque esa fue la mejor solución que encontró en el ambiente donde crecía y con los recursos que tenía, y probablemente, esa estrategia funcionó, le ayudó a mantener el vínculo y le ayudó a sentirse un poco más seguro.

El tema es que esas estrategias que le funcionaron de pequeño, las sigue utilizando muchos años después. Lo que un día protegió al niño suele limitar al adulto y no solamente por el comportamiento en si, también porque a veces es la única forma que tiene el adulto de responder al conflicto o a la situación. Hay una rigidez allí, no hay un abanico de respuestas para elegir entre ellas.

Entonces… ¿todo viene de la infancia? No, y creo que es importante decirlo. La infancia influye y explica muchas cosas pero no determina quién eres ni quién puedes llegar a ser.

Comprender tu historia NO significa vivir mirando constantemente hacia atrás. Significa entender el origen de algunos patrones para dejar de tratarlos como si fueran un defecto de la personalidad.

Porque hay una gran diferencia entre pensar: «Soy demasiado dependiente.» 

Y preguntarte: «¿Qué intentaba proteger esta parte de mí cuando apareció?» «¿Qué puedo hacer ahora con esa necesidad de agradar o ese alto nivel de exigencia?»

Esas preguntas cambian la forma de mirarte y también tu actitud hacia tu manera de responder ante la vida. Y, muchas veces, también cambia la forma en la que empiezas a cuidarte y a tomar responsabilidad sobre ti. 

La terapia conmigo no busca solamente que entiendas más. 

Busca ampliar tu consciencia para que que vivas diferente.

A veces las personas llegan a consulta diciendo: «Sé perfectamente por qué soy así.» Han leído libros, han escuchado podcasts, han visto vídeos y, sin embargo, siguen reaccionando igual porque comprender con la cabeza no siempre transforma la manera en la que vivimos.

Entender nuestra historia es importante, pero no es el final del camino, es el principio.

Como psicóloga, mi trabajo no consiste únicamente en ayudarte a entender de dónde vienen tus patrones, mi trabajo consiste en acompañarte para que, paso a paso, dejes de reaccionar desde las estrategias que un día necesitaste y empieces a responder desde la persona que quieres ser hoy.

No podemos cambiar la infancia, no podemos borrar lo que ocurrió, pero sí podemos construir nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos, con nuestras emociones y con las personas que queremos. Y esa es, para mí, una de las partes más esperanzadoras de la terapia.

Quizá no necesitas seguir luchando contra ti. Hay personas que llevan años intentando eliminar partes de sí mismas. Quieren dejar de ser tan sensibles, tan exigentes, tan complacientes, tan inseguras. Pero,  ¿y si antes de intentar cambiar esas partes pudieras comprender para que aparecieron? No para justificarlo todo, ni para quedarte atrapado en el pasado, si no para dejar de mirarte con dureza, porque es muy difícil hacer cambios desde el desprecio hacia uno mismo. Sin embargo, cuando comprendemos nuestra historia, aparece algo diferente, aparece la posibilidad de tratarnos con más respeto, con más paciencia y con más compasión.

Quizás hoy haya alguna reacción tuya que te gustaría cambiar, antes de preguntarte por qué sigues haciéndola, prueba a hacerte otra pregunta: ¿Qué estaba intentando proteger ese aspecto de mí cuando apareció por primera vez? Tal vez no encuentres la respuesta hoy, pero, a veces, hacerse la pregunta adecuada ya es el primer paso para empezar a vivir de una manera diferente.

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